Queridos estudiantes,
Les envío la información sobre el mito que hoy hemos trabajado. Esto les servirá para tomar como modelo la estructura e interpretación que se puede obtener del análisis de los mitos. Asimismo, adjunto los mitos, que ustedes deberán exponer en el transcurso de la siguiente semana, así como los nombres de los integrantes de cada grupo (de ambas secciones) y las fechas de exposición.
Deben leer los mitos consignados para dar los aportes respectivos en clase.¡Realicen un buen trabajo, ustedes tienen el potencial para hacerlo!
Un abrazo a todos.
ACHKAY
Según Marcos Yauri Montero, el nombre de la o el protagonista (como en el caso de canta con el Wakon) varía. Sin embargo, esto no impide que el significado en esencia sea la misma. Para el autor mencionado, el nombre Achkay hace referencia a una antífrasis porque significa abundancia en contradicción con la simbología de carencia que encierra el relato.
Según David weber y Elke Meier significa “malvado, sin compasión y sin corazón”.
Según Toribio Mejía significa” viejo, anciano, ogro”.
Otros autores señalas que significa: mujer vieja, esquelética, inclusive anciana malvada y bruja.
Estructura del mito
La presente estructura es a partir del mito que recogiera Toribio Mejía en la zona del Callejón de Conchucos de la provincia y distrito de Pomabamba.
- El hambre, el abandono y la orfandad. El hambre, la carencia como tema que encierra el relato y que da inicio a que se desencadene el abandono y consecuente orfandad de los niños.
- El rescate y la seducción. La esperanza de una situación de mejora para los niños tras ser rescatados por el Cóndor. La falsa acogida de Achkay hacía los niños que los seduce con una falsa comida (papa).
- El asesinato del niño. Ocurre el asesinato del niño y se devela las verdaderas intenciones de Achkay: comerse a los niños.
- La persecución. Tras la muerte de la hija de Achkay, la niña huye llevando consigo los huesos de su hermano. Achkay toma conciencia que se ha comido a su hija y furiosa va tras la niña, en su persecución se da el encuentro con los animales que uno a uno van a retrasar su propósito de atraparla.
- El ascenso logrado y el ascenso fracasado. La niña logra ascender al cielo y achkay no.
- La sanción. La caída de Achkay, la creación de plantas espinosas, como la ortiga (shinwa), la zarza (shiraaka), el espino (wachikun); la creación de lugares infértiles.
- La superación del hambre, del abandono de la orfandad.
Interpretación
Debemos mencionar que por la descripción de los animales silvestres como el cóndor, el zorrillo, el puma, el ratón y el que nos mencionen plantas como el maíz y la papa hace referencia a que el mito se ha desarrollado en una comunidad agrícola.
El orden de encuentro con cada uno de estos animales supone que hace referencia a las diferentes regiones que posee nuestro país:
· Zorrillo: Hace referencia a la región quechua.
· Puma: Hace referencia a la región puna.
· Cóndor: Hace referencia a la región jalca.
Esto también indicaría la existencia de una variedad en la flora y fauna, debido a las regiones que se presentan en el mito.
Si recordamos que Achkay le solicita a su hija que meta con engaños a la niña al perol que estaba hecho de metal, podemos inferir que la sociedad era una sociedad que conocía la metalurgia. Esto de alguna manera quiere decir que el contexto no era un contexto netamente primitivo como puede hacernos pensar la condición antropófaga de Achkay, sino que era una sociedad que estaba en proceso de desarrollo.
El que la niña se haya detenido a rezar junto a una cruz y que Dios desde el cielo haya soltado una soga de oro para su ascenso nos indica que es una historia de producción posthispana.
El mito enfatiza en dar a conocer la gran escasez, la época de hambruna de extrema pobreza que se ha desarrollado en un determinado lugar y cómo el hombre se transforma en este contexto, hay una degradación del ser humano. Por ejemplo, los padres se suponen seres protectores por naturaleza, por instinto inclusive, que velan por la integridad de sus hijos; sin embargo, esta etapa de carencia los degrada a seres malvados y sin piedad, capaces de asesinar a sus propios hijos como al desbarrancarlos desde las alturas del cerro.
El mito presenta: por un lado, la relación entre pobreza-hambre, es decir, la pobreza como marco general de la historia que lleva al hambre, a la necesidad, a la insatisfacción; y, por otro lado, la relación entre el hambre–muerte, es decir, esta insatisfacción y carencia lleva a que los padres tomen la resolución de asesinar a sus hijos y que Achkay asesine al niño para devorarlo y luego busque hacer lo mismo con la niña.
Si estamos hablando de la existencia de gran escasez y hambruna, esta situación de carencia queda representada por Achkay. Por ejemplo, cuando al preguntarle la niña a Achkay por el llanto de su hermano, ésta responde “raka shapran ogllaptiy tuqshin” (que significa “los vellos de mi pubis cuando le arrullo le hincan”) representa la imposibilidad de que se consume la unión entre el hombre y la mujer, la imposibilidad de ser fecundada y, por tanto, la incapacidad de reproducción, la infertilidad, la aridez de la tierra. Haciendo una analogía: la tierra para que pueda producir tiene que ser penetrada por el arado (que simbolizaría el miembro viril del hombre) para que se puedan abrir los surcos y con la conjugación de tierra y semilla puedan germinar las plantas, mas si no se logra penetrar a la tierra ésta jamás podrá recibir las semillas ni producir frutos.
El mito hacer referencia a la lucha por la supervivencia del hombre, en una realidad social y una geografía que le son hostiles, donde debe vivir y buscar sobrevivir ante la escasez, la pobreza, las carencias, el desamparo, la destrucción (representada en la niña que tiene que atravesar por situaciones como el rechazo de sus padres, el asesinato de su hermano, la persecución de Achkay para devorarla). Esta destrucción de su propio medio está dada por los fenómenos naturales como las heladas, lluvias torrenciales que originan los huaycos; por los animales depredadores como el zorrillo, el puma, el ratón; por los propios hombres, como Achkay que devora a los seres humanos, que representa ese grado elevado de infertilidad, escasez y destrucción.
Mitos seleccionados para las exposiciones
Martes 13: Exponen los grupos 1 y 2
Grupo 1
4º A: George Tineo, Thomás Aliaga, Raí Castillo.
4º B: Ana Paula Barrio, Junior Meza, Fabrizio
Mito: La viuda casada con el jaguar (fragmento)
Los hermanos llegaron a la casa en silencio para no ser oídos por el jaguar. Después, blandieron sus lanzas y atravesaron al jaguar tomoz marapamashi (Pantera onca) que lloró y murió, dejando que corriera la sangre en el lugar de su muerte. El hermano mayor decidió que era necesario barrer para que el espíritu maléfico kaniz no engendrara un nuevo jaguar con la sangre, que podría un día devorar a los recién nacidos. Los demás estuvieron de acuerdo y, entre todos, limpiaron los coágulos de sangre del suelo, después de lo cual echaron cenizas. Entre tanto, unos niños muy delgados, que tomaban el sol después de haberse bañado en el arroyo, y viendo que la gente estaba allí, distraída, discutiendo, se fueron al sitio donde habían matado al jaguar. Miraban, como si buscaran algo. Los adultos, al verlos, exclamaron: «¿Qué estáis haciendo aquí?», y ellos respondieron que no estaban haciendo nada especial, que solo querían conocer el sitio del sacrificio del jaguar. Los adultos los mandaron a su casa. Se fueron a su casa, después volvieron cuando los adultos ya no se preocupaban de ellos. Allí donde el jaguar fue abatido, había en efecto coágulos de sangre que los niños —avispas zaano— se llevaron al huerto para reproducir al jaguar. Poco después, con la ayuda de una antorcha para calentar los coágulos, engendraron un nuevo ser tan pequeño como un ratón. Las avispas, cuando eran personas, querían, con el carbón del fuego, reproducir los colores del jaguar en este embrión, y deseaban que se hiciera el más fuerte de todos, e incluso de todos los felinos tomoz y de los animales comestibles. Pero cuando las avispas hicieron un primer trazo para reproducir los colores del jaguar, la gente se dio cuenta. Al llegar, exclamaron: «¿Qué hacéis aquí, escondidos?». Tenían el carbón en la mano y la gente se dio cuenta de que estaban engendrando un jaguar (Contado por Sodi, hombre del medio Chuinda, marzo de 19944).
Grupo 2
4º A: Paula Bernaola, Cinthya Orrego, Aldair López
4º B: Cristina Chinchay, Conrad Colquis, Karla Hinostroza
Mito: Origen de la muerte irrevocable
Hermano, quiero contarte lo que ocurría antes y por qué no podemos ya resucitar. Antes, los candoshi sabían en qué lunación llegaba la muerte y en cuál resucitaban los hombres.
Una esposa esperaba la resurrección de su esposo de la misma manera que la esperan hoy. Esta mujer no lloraba mucho porque sabía muy bien que su esposo no estaba muerto para siempre. Sabía incluso la fecha de su vuelta. Y cuando llegó la lunación que su compañero había escogido para resucitar, ella le esperó. Estaba ella ofreciendo tinamús ahumados envueltos en hojas de la palmera hungurahui, cuando entró su marido, como estaba previsto, pintado de genipa (Genipa americana). Poco tiempo después, se marchó al bosque para esperar que le volvieran a crecer los cabellos pues los había perdido al morir. Volvía a su casa de vez en cuando, pero un día vio que en la casa ya no estaba su esposa. La casa olía muy mal. Entonces dijo a sus hijos: He venido porque amo a vuestra madre, pero ¿Dónde está?” Sus hijos respondieron que se había ido a pescar con otra persona. El padre replicó: “¿De quién es este tambor?” Y los niños respondieron: ”Padre, nuestra madre nos ha dicho que era de nuestro padre”. El hombre siguió: “Pues como vuestra madre está con otro hombre yo ya no volveré nunca más. ¡No he venido con dos pájaros ahumados para no encontrar más que esto!” Prosiguió dando algunas indicaciones: “Vamos a ver, hay que dar de comer caza a vuestra madre para su alimentación y para que pueda comprender que su marido soy yo”. Después el anciano tomó un poco de tabaco que puso sobre el tambor. Y tomó otra pequeña porción de tabaco y siguió diciendo: “Si amáis a vuestra madre hay que darle a oler este tabaco, pero si la amáis de verdad, es preciso que el hombre que la acompaña no la huela; es mejor que muera”. Nada más decir esto desapareció para morir y no volver a resucitar nunca más. Un pico después, xopzi (Didelfis marsupialis), la zarigaúeya, queriendo tocar su tambor, volvió de la pesca con su mujer. Pero en cuanto cogió el tambor se desvaneció. Entonces, creyendo que su esposo se estaba muriendo se acercó para besarle pero se desvaneció también. Entonces los niños, siguiendo los consejos de su padre, dieron la otra porción de tabaco a oler a su madre que estaba tumbada en el suelo. Inmediatamente se despertó y preguntó: “¿Qué habéis hecho para despertarme?” ¡’Dadme ese tabaco para despertar a mi esposo! Los niños dijeron: “No, mamá, no tenemos nada, has resucitado sin nuestra ayuda”. Pero la madre insistió diciendo: “Es extraño, parece como si hubiera estado muerta y huera resucitado enseguida”. Tanto insistió que los niños finalmente le dijeron: “Como tú no has querido esperar a tu esposo, ahora nosotros no queremos ayudarte con nuestro tabaco para resucitar a este hombre. Desde entonces, las personas que mueran no podrán resucitar. El que muera desaparecerá para siempre”. Esto es, hermano, lo que les pasó a los antiguos, así es como mi madre mne lo contó. Antes de que llegará la zarigüeya xopzi, los hombres morían y resucitaban. Hoy las mujeres buscan inmediatamente otro esposo como nuestro antepasado.
Xopzi vuelve de la pesca pensando en su tambor. Llega a la casa, toca el tambor y el alma del verdadero esposo puede ver todo esto sin poder resucitar. Querría pero no puede. Si no hubiera sido mpor la zarigüeya, hoy podríamos resucitar, hermano, así es como los antiguos nos los contaron. (Contado por Zogachi, hombre del alto Nucuray, diciembre de 1992).
Miércoles14: Exponen los grupos 3 y 4
Grupo 3
4º A: Gabriel Guerrero, Jeremy Nieto, Kivian Ramirez
4º B: Karla Pinillos, Melisa Miranda, Diego Peralta
Mito: El fantasma y la viuda
“Un día, poco después de la muerte de su esposo, cuando acababa de nacer el bebé, una mujer encendió el fuego para preparar cerveza de maíz. Entre tanto apareció el alma (kaniz en el relato original) de su esposo en forma de pájaro míatoti (Pitylus grossus) cantando chikoraita. Su mujer le respondió molesta que sería mejor que resucitara para ayudarla a llevar leña para el fuego. Bruscamente, el Kaniz de su esposo se calló. La mujer salió, pues, a buscar leña dejando a su pequeño llorar y abandonando la olla que contenía la cerveza hirviendo. Más tarde, el kaniz de su esposo volvió a la casa dejando sus propios huesos a la entrada de la casa, justo donde se encontraba la olla hirviendo. En ese momento, el niño dejó de llorar. Perseguida por el alma, la madre habiendo comprendido la situación, corrió a toda velocidad a casa de su hermano para pedirle ayuda. Como ella iba dejando caer sus maníes masticados, el kaniz no podía andar de prisa. Su hermano estaba tocando el tambor cuando ella llegó. Ella le contó que kaniz había metido al niño en la olla hirviendo y que la perseguía. Su hermano se preparó entonces para matar al kaniz encerrando previamente a todas las mujeres. Puso a su hermana y a sus hijos en un reducto. Cuando llegó el alma, que fue muy bien recibido por los hombres de la casa, les preguntó: “¿Dónde está mi mujer Koskokoro?” (así se llamaba). El hermano le contestó que estaba en el reducto. En realidad se había preparado una habitación vacía para pillar al kaniz. Cuando éste entró en ella, el hermano cerró la puerta e hizo que entrara humo y komazi en el interior. Unos instantes más tarde, se oyó “jeh, jeh, jeh,..!”: kaniz se estaba muriendo. Al día siguiente, cuando abrieron la puerta encontraron al kaniz muerto. Tenía un aspecto parecido a la zarigüeya. Tiraron su cuerpo en el bosque y se transformó en leña podrida en la que crecen setas. Cuando se cogen setas, se oye llorar al kaniz (Contado por Achabi, hombre del medio Huitoyacu, agosto de 1994).”
Grupo 4
4º A: Rodney Figueroa, Kevin López, Jeremy Márquez
4º B: Ricardo Carrillo, Augusto Pérez, Fátima Oropeza
Mito: El ciervo y el jaguar
En otro tiempo, un hombre llamado Mallansi, Ciervo, quería construir una casa; encontró un terreno llano, ideal para construir una vivienda y empezó el debroce sin dudar. Un poco más tarde, se internó en el bosque para cazar. Ese mismo día, un hombre llamado Tomoz, Jaguar, estaba también buscando un sitio para levantar su casa. Llegó por casualidad al terreno desbrozado por Mallansi y se preguntó: “¿Quién ha despejado este terreno?”. Aprovechando la ocasión, empezó a levantar los pilares. A continuación Tomoz, hambriento, se fue al bosque a buscar alguna pieza de caza. Entretanto, Ciervo volvió a su terreno y encontró los pilares bien plantados. Se preguntó: “¿Quién me ha ayudado?” Sin darle mayor importancia, siguió montando el armazón del tejado y luego se volvió a marchar al bosque. Jaguar, a su vuelta se sorprendió de encontrar el armazón ya preparado pero prosiguió el trabajo, cubriendo el tejado con palmas. Así que a la tarde, Ciervo y Jaguar al volver a la casa para descansar para descansar se encontraron allí. “¿Quién eres tú? ¿De dónde vienes?” Se preguntaron el uno al otro. De este modo, empezaron a congeniar. Al día siguiente, se fueron a cazar cada uno par su lado. El primero en volver fue Jaguar. Había abatido un mallansi chobirimashi (Masama americana, literalmente, un “cervato rojo”). Apenas lo hubo cocinado, ofreció a Ciervo diciendo: “Ven, amigo mío, ¡vamos a comer!” Ciervo se acercó y miró mal la comida. La rechazó con pretexto: “Es mejor que comas tú solo porque es carne de mi propia carne”. Jaguar replicó: “De acuerdo, comeré solo, pero creía que querías compartirlo conmigo”. Al día siguiente se fueron juntos al monte. A mitad de camino, se separaron cada uno por su lado. Ciervo encontró un viejo jaguar. No se sabe cómo, Ciervo consiguió matarlo, quizá con la pezuña. La verdad es que mató al viejo jaguar y lo transportó hasta su casa. Cocinó esta presa e invitó a su amigo Jaguar a compartir la comida. Jaguar se excusó diciendo: “Es mejor que comas solo”. Después de haber terminado su comida pantagruélica, Ciervo, satisfecho se durmió profundamente. Jaguar se acercó a él para mirar cómo habría podido mata a su pariente: “No tiene ni colmillos ni uña cortante…”.Tocó la pata estirada de Ciervo muy suavemente para no despertarlo. Jaguar pensó muy entristecido: “Es quizá con la pata con lo que ha matado a mi pariente”. De repente, Ciervo se despertó y, horrorizado de ver a Jaguar tan cerca de él, dio un salto brusco. Sin querer, golpeó violentamente a Jaguar en la cara antes de salir corriendo a toda velocidad. “¿Por qué me ha golpeado así si decía que era mi amigo?”, se dijo Jaguar que, ahora, empezaba a sentirse muy enfadado. “A partir de ahora, ya no le quiero como amigo y le mataré como si se tratara de un desconocido. Le matará cada vez que me lo encuentre”. (Contado por Sodi, hombre del medio Chuinda, marzo de 1994).
Jueves 15: Exponen los grupos 5 y 6
Grupo 5
4º A: Giancarlo Ramírez, José Flavio, Alonso Díaz
4º B: Fabiola Muñoz, Alí Ygreda, Claudia Yarlequé
Mito: Origen del sol
En otro tiempo, uno de nuestros antepasados vivía con una viuda y su nieta. Esta se pasaba todo el día bañándose en el río. Un día, la nieta se quedó embarazada. Su abuela le preguntó: “¿Quién es el que te ha fecundado?” Después mató a su nieta y tiró su cuerpo al río. Pero aunque su madre se ahogó, el niño nació del vientre. Se fue a vivir con su padre, el pez potóorana (Bunocephalus bifidus), que lo raptó. El niño salía de vez en cuando del agua para ir a robar el fruto del pimiento komazi que crecía en el patio de la casa de sus parientes maternos. Estos se dieron cuenta de la desaparición periódica de este fruto y, más tarde, descubrieron al responsable de la rapiña. El niño era tan encantador que los habitantes de la casa querían atraparlo; pero él se escapaba todas las veces. Un día, el hombre de la casa se camufló en el tronco de komazi y consiguió capturar al niño. El chico lloró y lloró, pero terminó por acostumbrarse a vivir en la tierra. De todas formas iba siempre a bañarse al río. Al cabo de un cierto tiempo, fue a bañarse pero no volvió. Su abuela llorosa pensó que se había ahogado. Al final de la tarde, el niño salió del agua para volver a su casa. De camino, se distraía descargando su cerbatana en algunos pajarillos. Sentado en un árbol encontró al pájaro masho (Mitu tomentosa) que cantaba así: “Fue tu abuela la que mató a tu madre”. El muchacho, consternado, le respondió:”Baja de ahí arriba y repite lo que acabas de decir”. El pájaro le replicó: “De acuerdo, pero tendrás que dejar tu cerbatana”. El niño dejó su arma y también las flechas. El pájaro bajó y le dijo: “Si no confías en mí vuelve a tu casa ahora y podrás comprobarlo tú mismo”. El niño corrió hacia la casa y al llegar, encontró a su abuela bailando con los huesos de su madre. La abuela, sorprendida, dejó los huesos en la olla de arcilla y le ofreció masato que él rechazó. Entonces la abuela temiendo que su nieto supiera la verdad, le dijo: “Seguro que el pájaro masho te ha engañado”. Su nieto le replicó: “No, no lo creo” y continuó: “Voy a pedirle a mi tío, el pez Potóorana, que me haga un bastón”. La abuela le dijo entonces: “¡No te dejes engatusar por tu tío!” No obstante, el joven partió a ver a su tío quien le dio un bastón diciendo: “Ten cuidado, tu abuela te quiere matar. Te voy a enseñar a utilizar el bastón”. Habiendo aprendido la lección, el niño volvió a su casa para matar a su abuela. Quiso pegarle un bastonazo, pero la mujer logró evitarlo. Entonces empezaron a pegarse hasta que el muchacho asestó una tanda de golpes a su abuela en el cuello. Siguió golpeándola así hasta la muerte. A continuación, se puso a cocinar caza ahumada que mezcló con los restos de la abuela. Previamente, la había descuartizado y le había arrancado el clítoris que había colocado dentro de un nido de termitas toga. Como la comida estaba preparada, invitó a sus tíos los jaguares tomoz (Felis onca), los cuales empezaron a comer. Durante la comida, le preguntaron dónde estaba su abuela. Él contestó que había salido a recoger mandioca. El tío insistió y llamó a la abuela para que pudieran comer todos juntos. La abuela respondió desde el nido de termitas, diciendo que podían seguir comiendo y que ella se reuniría con ellos más tarde. Cuando llegaron a la carne de la abuela en la olla, el muchacho dijo a sus tíos: “Voy a buscar a mi abuela. Voy a ayudarla un poco para que acabe antes”. Se fue al huerto añadiendo: “Pueden servirse más si quieren”. De hecho, dijo eso para ganar tiempo y poder emprender la huida. Se subió a la palmera mási (Bactris gasipaes) que de repente creció a toda velocidad. Entre tanto los tíos descubrieron revolviendo la olla, la cabeza de la vieja. “Nos ponen carne humana de comida” –exclamaron estupefactos- “esta carne es la carne de la abuela”. Al comprender la situación, los tíos partieron a la búsqueda de su sobrino. Lo encontraron en loa lto de la palmera. Pidieron al tatú kozota que cavara alrededor de la base de la palmera para poder abatirla. Pero cayeron las palmas secas y espinosas e impidieron al tatú continuar con su tarea. Entonces los tíos rogaron al yodadari (Priodontes giganeus) que tomara el relevo. Este tatú más fuerte logró desarraigar y abatir la palmera pero ya era demasiado tarde: el niño ya había subido al cielo transformándose en sol. Por este motivo hoy podemos ver el sol. (Contado por Akobari, hombre del alto Nucuray, enero de 1993).
Grupo 6
4º A: Bárbara Paredes, Aldair Vivanco, Mauro Cano
4º B: Paul Sotomayor, Alonso Visalot
Mito: El origen de los pecaríes
En los tiempo remotos, el vagan –el pecarí de labios blancos- era una persona. De hecho, los Vagan eran achuar. En aquella época tenían combates sangrientos entre ellos y contra los Candoshi. Los achuar eran mucho más numerosos, por ese motivo siempre vencían a los Candoshi. Estos últimos, aún siendo menos numerosos, también mataban a los achuar. Nuestros antepasados mataban con lanzas. Mataban a tantos que unas veces ganaban los achuar y otras ganaban los Candoshi. Así pasó mucho tiempo durante el cual había muchas, luchas violentas.
Cuando los Vagan eran personas, salían a matar. A la vuelta, con mucha hambre, se quedaban a dormir a mitad de camino, en un antiguo campamento. Sapo llegó croando. Por la tarde, mojaban el tabaco para tomnarlo. Sapo croaba de nuevo. Entonces Vagan, molesto, preguntó a Sapo: “¿Es que quieres importunarme o qué?”. Después se durmieron, tras haber tomado el tabaco. Al día siguiente temprano, llegó una mujer con un cuenco lleno de taros mota y dijo: “¡Sírvete y come, hermano!” Y Vagan preguntó a la mujer: “¿De dónde vienes, hermana?”; ella respondió: “Hermano, yo soy la que cantaba y a la has acusado de hacerlo para molestarte. ¡ Por ese motivo te traigo esta comida!” Entonces Vagan le dijo que sirviera la comida e invitara a los demás; todos comieron menos un joven que permaneció sin comer. Nada, más terminar, uno de ellos empezó a sentir un fuerte picor en la garganta; los demás también lo sintieron. El Vagan exclamó: “¿Qué nos ha dado esta mujer como mota?” Pero no pudo seguir; se lo impidió un acceso de tos: rugió como un pecarí. Todos los miembros del grupo se transformaron en pecarí menos el joven que no había comido y que se quedó consternado. Se convirtieron en dos tipos de pecaríes: uno gordo y grande (pecarí de labios blancos Tayassu pecarí); el otro flaco y pequeño (pecarí de collar Tayassu tajacu). Cada grupo tenía un jefe. El joven vio a su padre transformado en pecarí. Podía distinguir a su padre pues tenía una trompa alrededor del cuello como cuando volvía de la guerra. Temiendo una agresión de estos animales, el hijo se subió a un árbol. Viendo a su hijo en lo alto del árbol, el padre se puso a llorar. El hijo reconoció a su padre pese a la apariencia de pecarí. Este último no queriendo dejar a su hijo, se quedó dando vueltas alrededor del árbol. En lo alto del árbol, el hijo con lágrimas en los ojos, se preguntaba qué alimento había ingerido su padre para convertirse en pecarí, si duda la causa había sido el mota.
Por fin, el hijo volvió a casa de la madre que vivía lejos: tenía hambre. Al llegar a su casa la gente le preguntó dónde se encontraba su padre; el replicó: “Una mujer ha ofrecido mota para comer. Mi padre ha comido; ha sentido un fuerte picor en la garganta y ganas de toser. Y se ha transformado en pecarí”. Pero entonces todavía no había pecaríes. El hijo dijo a su madre: “Voy a recuperar la trompa de mi padre. No quiero dejarla”. Y añadió: “Voy a seguir a mi padre hasta que coja la trompa con un gancho”. Siguió a su padre y finalmente consiguió apoderarse de su trompa. Al hacerla sonar, el ancestro llamó a loa pecaríes que acudieron en manada. (Narrado por Zoba, el hombre del alto Nucuray, diciembre,1992).
Viernes16: Expone el grupos 7 (Además de aquellos estudiantes que no están en ningún grupo mencionado)
Grupo 7
4º A: Astrid Palomino, Angie Pingo, César Lozano, Daniela Vargas
4º B: Aarón Tipian, Braghian Rocha, Bruno Vidal, Giovanni Fernández
Mito: El achiote y la genipa
Cuando Zagat (La golondrina) formaba parte de las personas, decía a su hermano: “Tú harás tu vida con una mujer muy bonita y yo también estaré con otra joven”, Su hermano aceptó diciendo que estaba de acuerdo ya que él también quería casarse: “Quizá un día nuestros hijos sean cazadores”, dijo Zagat. Cuando encontró a la joven llamada Yaná (Genipa americana), le dijo que la quería. Su hermano hizo lo mismo con otra joven que se llamaba Yobsa, el achiote. La joven Yaná aceptó que Zagat la cortejara y preparó todo para su esposo. Yobsa hacía lo mismo para el hermano de Zagat.
Entonces, Zagat despidiéndose de su mujer, le indicó el trayecto que debía tomar para reunirse con él definitivamente. Le dijo: “El camino es ancho y recto; tienes que tener cuidado de no equivocarte y tomar el camino del alcanfor, llamado Tsonaya. Voy a dejar por el camino las plumas del pájaro míatori, que no hay que confundir con las del ara, de vachóro, de loro o de tucán, que Tsonaya pondrá para apartarte del buen camino pues siempre hace eso. Tú vas por donde haya plumas de miatori. Mi camino es todo recto mientras que el camino del Tsonaya se desvía”. Zagat habló de esta manera a su futura esposa y le dijo que debía partir él antes para ir ahumando los pájaros mientras la esperaba. Después partió quedando citados para un día determinado. Llegó el día, las jóvenes empezaron a andar para encontrarse con sus novios zagat, siguiendo sus recomendaciones. Encontraron un camino recto y ancho con muchas plumas esparcidas de míatori. Pero, en oblicuo desde donde se pone el sol, estaba el camino de Tsonaya con las plumas de tucán, de masho, vashóro, de ara, y toda clase de plumas de pájaros. Entonces la mujer Yobsa dijo: “El camino de Zagat debe de ser éste donde están las plumas de los pájaros”, y la mujer Yaná respondió a su hermana Yobsa: “Tú dices que el camino de Zagat es ése en el que están las plumas de los pájaros. Pero yo, si hubiera estado sola, no habría dudado en tomar el camino en el que están las plumas de míatori, porque zagat ha dejado las plumas de míatori en el camino”. Pero Yobsa insistió diciendo que el camino de Zagat era aquél en el que había plumas de diversos pájaros.
Así pues, continuaron andando siguiendo las plumas de las aves. Al llegar a un lugar habitado, encontraron a una anciana, madre de Tsonaya y sus hijas, estando sus hermanos cazando. Entonces la anciana invitó a la casa a estas dos jóvenes que acababan de llegar y les propuso masticar el maíz para envolverlo y asarlo en papillote de hojas mientras esperaban la llegada de los hombres. Ellas aceptaron, sin darse cuenta de las mujeres, y sus ojos no era más que de tsonaya. Por la tarde, los hombres llegaron del bosque con un solo papillote de cangrejos. Entonces la madre dijo a los hijos: “Vuestras mujeres han llegado”. La mujer Yaná se preguntó si uno de ellos sería Zagat, pero vio que eran diferentes y que olían mal, lo que las incomodaba. La mujer Yaná dijo que no se trataba de Zagat pues éste era muy guapo, con su pelo negro peinado hacia atrás. “Estos dos jóvenes no son zagat, nos hemos equivocado y hemos tomado el camino de Tsonaya”. Pero Yobsa replicó: “Quizá son zagat pero no se les puede ver porque es de noche”. Así es como al final se convencieron de que eran zagat. Después durmieron en la timbona jugando con los tsonaya. Al día siguiente, estaba claro que no se trataba de los zagat. La mujer Yaná dijo a su hermana Yobsa: “Te he dio que no eran Zagat. Nos equivocamos de camino, tomamos el de Tsonaya”.
Entonces dejaron a los hombres y volvieron tomar el camino hasta el sitio donde se habían desviado. Llegaron al camino donde estaban las plumas de míatori. La mujer Yaná dijo: “Te dije claramente que había que seguir el camino recto”. Para probar, siguieron el camino de Zagat. Se bañaron en un arrolló envolviendo sus cuerpos en arena, pero la peste de Tsonaya no se quitaba y anduvieron muy tristes. Llegaron al jardín de la casa y se quedaron de pie. Yaná repitió de nuevo que sabía que ese era el buen camino. Desde ese lugar se oían los ruidos de las obras de construcción de la casa que estaba haciendo Zagat. Trabajaban alegremente. Por su psrte, las jóvenes vestidas con sus faldas a rayas seguían andando. “Te lo dije, había que seguir el camino señalado por las plumas de míatori. Ahora, nos van a regañar”, dijo Yaná. La mujer Yobsa respondió: “Es verdad, nos van a reñir. Lo que decías era verdad. Soy yo la que te ha inducido a error y ahora es demasiado tarde”. Entonces llegaron a la casa. Zagat las regañó y dije a su madre que no tenían que haber venido. Las trataba como si fueran las esposas de Tsonaya. Dijo: “¿Por qué tenías qye venir? ¡Apestas a Tsonaya! ¡Yo no quiero a las mujeres de Tsonaya! Si tú quisieras ser mi mujer habrías debido venir el día previsto, has venido demasiado tarde. ¡Además os habéis equivocado y vuestro cuerpo se ha echado a perder!”, dijo Zagat. Las mujeres se asustaron de la reprimenda y se quedaron en el huerto.
Entonces su cuñada las trató amablemente, les dio sus plantas piripiri para bañarse pero el mal olor seguía. La cuñada quería regalar el maíz masticado por Yaná a su hermano, pero Zagat, lo rechazó diciendo que olía mal y que además era la mujer de Tsonaya la que lo había hecho. Intentó invitarlo otra vez pero él se negó. Al final la hermana de Zagat dijo a las jóvenes que se volvieron a su lugar de origen puesto que molestaban a Zagat. Ellas respondieron llorando que se iban a volver pues todo era por su culpa. Así, volvieron con su cesto. Muy lejos de las casas de Zagat, llegaron a un arroyo a medio camino. Yaná dijo a su hermana: “Me voy a parar aquí”. Y YObsa se paró también. Se convirtieron en árboles con sus frutos. Mucho después, Zagat iba por el bosque y encontró un árbol de genipa cargado de frutos. Zagat se dijo: “¡Qué hermoso es este árbol! Voy a tomar el fruto para mis cabellos y voy a invitar a todo el mundo a recoger el fruto de la genipa”, dijo. El mono aullador y al ardilla, así como el ciervo quisieron también frutos, pero tomaron los del achiote. Todo el mundo fue hasta allí para recoger los frutos de genipa y de achiote. Zagat estaba cortando una ramita de genipa para que cayera su fruto, y el mono lanoso estaba también cogiendo cuando el ancestro apalli, seguramente porque Zagat había menospreciado a Yaná, pronunció la palabra “Shpau” y dijo: “Por qué coges el fruto de este árbol de genipa?” Entonces se rompió la falda de Zagat y en ese momento se convirtió en este pájaro que hoy se llama golondrina y que canta así: “ies,ies, ies”. Después, Apalli tiró achiote bien rojo en la espalda del mono-araña, que se marchó llorando: “arets, arets”. También lo dejó caer en todo el cuerpo del mono lanoso, que se marchó sollozando: “choró, choró”. El ciervo se manchó también de achiote y corrió llorando, pero ya estaba todo rojo. Al mono aullador también le tiraron achiote y se marchó todo rojo gritando: “turú, turú”. Así es como se contará a las siguientes generaciones. (Contado por Masho, hombre del medio Chapuri, agosto de 1993).